viernes, 26 de noviembre de 2010

Macri y la lógica del automovilista

El llamado «caos de tránsito» es un lugar común de la derecha, un comodín que suele sacarse de la manga cuando ya no hay, o cuando nunca hubo, argumentos. Sus usos son múltiples: sirve para vaciar de contenido los reclamos sociales, para convertir una protesta legítima en la «pesadilla» del ciudadano promedio, para tapar, con la repetición gritona de la queja, las voces de los que salen a la calle. Allí donde hay personas con necesidades y reclamos, sectores sociales que intentan hacerse ver y escuchar, los medios del establishment sólo ven caos, demoras en la avenida 9 de julio, complicaciones en el micro y macrocentro.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Juventudes hitlerianas

Las multitudes en la calle suelen alterar algunos ánimos, sobre todo cuando esas multitudes son jóvenes y portan banderas y consignas no del todo amables hacia el establishment y sus representantes. Una buena prueba de ello la dio el periodista y abogado Mariano Grondona, quien en su programa Hora Clave del domingo 31 de octubre, en Canal 26, dio a conocer un peculiar «análisis» de la masiva afluencia de jóvenes al sepelio del ex presidente Néstor Kirchner.Según Grondona, «lo que mostró el velorio es que hay muchos jóvenes que se han enrolado en La Cámpora y en agrupaciones similares, casi fanatizados por una prédica». Acto seguido, el veterano columnista del diario La Nación comparó esta circunstancia con «la que se daba en situaciones prerrevolucionarias, por ejemplo, en la Alemania de los años 20, una república perfecta en la que Hitler estaba montando unos miles de fanáticos, o Mussolini en Italia, o el Partido Comunista en la Rusia antes de la revolución soviética». Resumiendo, dijo Grondona, como si lanzara una advertencia, en la Argentina hay un peligro: ese «conjunto importante, pero tremendamente fanatizado». Esos chicos de ojos llenos de lágrimas que fueron a la Plaza de Mayo con flores, banderas y velas a despedirse del ex presidente no serían, según el periodista, más que un remedo de las juventudes hitlerianas.

jueves, 11 de noviembre de 2010

El espíritu de Doña Rosa II

Es su mantra, su contraseña, su salvoconducto a la impunidad. «Yo digo lo que dice la gente, lo que dice la calle», suele asegurar Mirtha Legrand, y la frase funciona como un aviso: la diva está por sucumbir a uno de sus ya clásicos episodios de incontinencia verbal. Que se viene el zurdaje, que los niños adoptados por homosexuales corren el riesgo de ser violados por sus padres, que los pobres no piensan.Esta vez, el tema fue el sepelio de Néstor Kirchner. «Yo digo lo que dice la gente, que el cadáver no estaba en el cajón, lo habrán escuchado, el cadáver no estaba». Habían pasado apenas dos días del entierro del ex presidente y fue la señora Legrand quien se encargó de calificar a su propio comentario: «Es desagradable hablar de una persona que ha desaparecido así, pero esto es televisión», advirtió, sin que se entendiera bien la relación entre una cosa y la otra.

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