jueves, 21 de mayo de 2009

Qué ignorantes son los pobres


Una difundida y prejuiciosa cadena de ideas vincula al segundo cordón del conurbano bonaerense con la pobreza, la ignorancia, la sinrazón, el mal votar. Ejemplos de esta concepción pueden encontrarse en discursos electoralistas pero también entre periodistas considerados probos e independientes.
Es el caso de Nelson Castro, quien, el 17 de mayo, en su columna del diario Perfil, se refiere a una «realidad social inquietante»: la del conurbano bonaerense. «Más allá de los números» de las encuestas, está «la realidad sociopolítica de lo que se vive sobre todo en el segundo cordón. Allí reina la confusión. Mucha gente no sabe qué se vota ni a quién se vota», asegura Castro, sin dar precisiones sobre las fuentes de las que extrae sus afirmaciones. Quienes viven en el segundo cordón, agrega, «no miran programas políticos ni leen diarios» y «su único contacto con la política, en estos días, es Gran Cuñado». Lo que demuestra no sólo un profundo desprecio por los bonaerenses, sino también una concepción de la política que la restringe a lo que sucede en la pantalla. Es que esa –los programas del periodismo considerado probo e independiente– es la única versión de la política que son capaces de concebir los ciudadanos ilustrados; los que votan a conciencia, saben lo que pasa y viven en la ciudad de Buenos Aires. El resto es ignorancia, confusión, Coca y choripán. O, como define un editorial de La Nación, puro «analfabetismo cívico».

sábado, 2 de mayo de 2009

Crímenes pasionales


Cuando el delito es «común», los movileros, nuevos directores del humor social, suelen ofrecer sus micrófonos a las víctimas. Hijos que acaban de perder a sus padres, conductoras enfurecidas por el asesinato de un colaborador, familias asaltadas, son interpelados, en medio de su dolor, sobre leyes, condenas y manos duras. Las preguntas nunca son neutrales: sugieren, incitan, apuestan a potenciar tanto el dolor como la violencia de las reacciones. Pero para otra clase de delitos –los denominados «crímenes pasionales»– el tratamiento es distinto. Con José Arce, detenido por el crimen de su esposa Rosana Galliano, los medios depusieron sus armas verbales y, en lugar de hacer hablar a la familia de la víctima, le dieron la palabra al acusado. A Arce lo entrevistaron y lo trataron como a un señor, lo acompañaron a su criadero de pollos y escucharon, respetuosos, los argumentos de su abogada, cosa que nadie hizo con los delincuentes jóvenes, anónimos y pobres que son linchados simbólicamente, todos los días, por las cámaras y eso que las cámaras llaman «la gente».

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