martes, 15 de junio de 2010

El espíritu de Doña Rosa

Nunca cometerá el desliz de ser fotografiada sin maquillaje ni permitirá que la cámara tome su perfil en un ángulo inconveniente. Jamás dejará que se sepa su edad o que trascienda el número de cirugías que ha soportado su epidermis. Pero hay otros deslices que le importan poco y nada. . Es que, para la señora Rosa María Juana Martínez Suárez de Tinayre, más conocida como Mirtha Legrand, la palabra es lo de menos. El público, al que ella se debe, ya sabe, o debería saber, que bajo los vestidos color rosa y los brillitos, bajo el spray y maquillaje, hay una mujer. Y esa mujer es cada vez más reaccionaria. Su vasta trayectoria tiene hitos bien conocidos: desde aquella vez que retó a Cecilia Rossetto por ser «demasiado politizada, muy de izquierda, querida, demasiado» hasta el maltrato a sus asistentes y la descarada confesión de su antipatía por ciertos sectores sociales. «La gente educada, la gente culta, la gente evolucionada, piensa. La gente que tiene hambre no puede pensar», le dijo hace no mucho tiempo a Antonio Cafiero. Tras la reciente reapertura del Colón, en una gala hecha a su medida, frívola e insustancial, volvió a aflorar, sin censura, el espíritu de doña Rosa, que así se llama la señora Legrand. En efecto, para Rosa María Juana, todo estuvo muy lindo. «Había vallas, la gente no molestaba», aseguró la diva, que tras su paso por el Colón logró que Mauricio Macri le prestara el teatro para transmitir desde allí su programa.

sábado, 5 de junio de 2010

El Bicentenario según José Eliaschev

Los festejos del Bicentenario también tuvieron sus críticos. Escasas, solemnes, sus voces sonaron como gritos desafinados en el coro más o menos unánime de apoyo a las celebraciones.En la lista de disidentes, el primer lugar, por la violencia y el tono francamente racista de sus palabras, se encuentra el periodista José Eliaschev. El 22 de mayo, en su habitual columna del diario Perfil, Eliaschev describe una ciudad decadente, mezcla de la oscura Los Angeles de Blade Runner y la Buenos Aires aristocrática amenazada por el «aluvión zoológico» de 1945. Allí, en la ciudad del Bicentenario, «pompas acosadoras», «estruendos hirientes», un «patrioterismo banderillero», el «desorden», un «populismo primitivo y rutilante», la «prepotente y grosera exhibición nacionalista» convoca a «gentes» –en peyorativo plural– que «rozan o chocan sus cuerpos, enajenados y miran sin ver nada». Ellos, los que recorren las calles porteñas, son «mutantes», «buscas», «merodeadores de todo pelaje», «alelados», «gente desorientada» y, nuevamente, «mutantes». Lo dice dos veces Eliaschev, por si a alguien no le hubiera quedado claro.

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