viernes, 11 de diciembre de 2009

Perfecta

«Era perfecta, no necesitaba ninguna cirugía», dijo Roberto Piazza, y los medios reprodujeron en sus títulos las declaraciones del diseñador y amigo de Solange Magnano, la modelo muerta como consecuencia de un tratamiento estético en los glúteos. Nadie –ni el propio Piazza ni quienes recogieron sus dichos– advirtió que la frase, de un modo involuntario, como un acto fallido, expresa el cruel principio de funcionamiento de la industria de la belleza.
Piazza no dice que no es necesario ser perfecta. Dice todo lo contrario: que Solange no necesitaba cirugías porque ya lo era. Si no hubiera sido perfecta, sí las habría necesitado. Por lo tanto, no está negando sino refrendando la idea de que la perfección es un imperativo al que deben someterse las mujeres y sus cuerpos si pretenden ser deseadas, amadas o aspirar a algo parecido a la felicidad. Los medios que reproducen sus comentarios y se indignan por la dictadura de belleza y la tiranía de la delgadez son los mismos que en sus producciones de moda recurren a modelos esqueléticas. Son los mismos que aplauden la última cirugía de Luciana Salazar o cualquier otra exponente de la telebasura de quirófano, mientras publican avisos de centros de estética que venden implantes de glúteos como quien vende chorizos.

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